Instrumento
de parranda
Crónica | Deportes
de campo |
El campeonato mundial de
lanzamiento de sacho reunió ayer en Arzúa a un
buen número de personas interesadas por los nuevos deportes
rurales.
(Alberto Mahía) enviado especial San
Queremos - Vilantime - (Arzúa)
Fotos - Álvaro Ballesteros.
No sé si recomendarles que
no sigan leyendo y que se pongan a otra cosa mariposa porque
la fiesta que les voy a contar es de esas que mejor no tocar,
que quede entre unos pocos, en secreto. Para no estropearla.
Porque de lo contrario terminará como la mayoría,
donde todo desmán no sólo se consiente, sino que
se alienta. Aquí el vino va todo por dentro, no se escapa
ni una gota. Ni los muchachos se rompen las camisetas. Es ésta
una romería tranquila, como las de antes, con los abuelos
roncando bajo los árboles, los padres jugando al tute,
los críos correteando y los jóvenes bajándose
cubatas como si fueran pipas. Al cronista le cuentan que un
tal Carlos se bebió el año pasado 30 vermús
y 15 cubatas «e non daba caído».
Triunfo
Excesos aparte, lo que aquí
triunfan son sus campeonatos mundiales. Estamos en Vilantime,
pequeña parroquia de Arzúa con no más de
setenta casas y donde el sacho no sólo es un instrumento
de labranza, sino también de parranda. Este instrumento
les hizo célebres después de organizar el primer
campeonato mundial de Arrebolamento do sacho, que consiste en
lanzar el utensilio tan lejos como se pueda. Y en Galicia, donde
a muchos les salió antes el sacho que los dientes, se
lanza más allá de los 30 metros. No está
nada mal para un instrumento que pesa tres kilos y medio y difícil
de balancear para su lanzamiento. Pero estamos ante hombres
y mujeres que le ganarían un pulso al mismísimo
Hércules, que se echan el sacho al hombro como el que
se echa una bufanda.
En definitiva, gente fuerte, hombres
que, como decía ayer alguno, en lugar de desodorante
se echan tres en uno.
Podio
Remedios González tiene 63
años y lanza el sacho como el que lanza un melocotón,
a 17 metros y 70 centímetros. Es la recordwoman de arrebolamento
de sacho. Remedios, con su pelo blanco y su mandilón,
partía este año como los anteriores como la gran
favorita. Barrió a todas menos a una, a su vecina Dolores
Río, que ayer estuvo a punto de batir el récord
del mundo. Se quedó a 15 centímetros, pero se
llevó la copa.
En hombres, el vencedor fue Juan Mouriño,
que logró una marca de 31 metros, muy por debajo del
récord, fijado por un Sansón en 38 metros. Celebrado
el Arrebolamento do sacho, llegó el turno del tiro de
carro. Dos hombres se hacen pasar por bueyes calzándose
el yugo en sus cuellos y arrastran el carro sobre un circuito
en pendiente de 25 metros. El récord mundial en esta
enxebre disciplina estaba fijado por Carlos Carril y J.M. Montaña
en 8 segundos y 59 centésimas. Ayer lo destrozaron, dejándolo
en 7,87. En el apartado femenino, Sonia y Elena García
se llevaron el carro al agua, con una marca de 19,93.
Más tarde se celebró
la primera edición del Tirando do Adibal, que es como
se dice en Vilantime al tiro de cuerda. Todas las parroquias
de Arzúa participaron con seis hombres.
Esta fiesta nació por aburrimiento,
en 1999. Vilantime (Arzúa) no tenía nada que celebrar
y los chavales estaban obligados a coger el coche y conducir
lejos para bailar y ligar. Hasta que se les ocurrió organizar
un sarao. Lo primero fue elegir el nombre: ¿Qué
queremos? «fiesta», dijo uno. Pues no se hable más,
se llamará San Queremos. Buscaron un lugar y lo encontraron
en Zarra do Monte, una carballeira perteneciente a una familia
que gentilmente la cede desde entonces todos los años.
Luego se quiso hacer algo original. A Anxo, del pub Brevis,
de Arzúa, se le ocurrió inventar el sachojolf.
El juego consistía en usar la hazada a modo de palo de
golf con el que golpear a un balón de futbito hasta meterlo
en un hoyo. Más tarde vendrían el arrebolamento
do sacho, Tiro do Carro, el campeonato de futbolín o
el concurso de baile.
Paso a la historia
Otra modalidad que desapareció
fue el tiro de alpaca. A pesar de tal abuso de ingenio, los
comienzos fueron difíciles. En Vilantime triunfa el nacionalismo
y muchos en Arzúa relacionaban esta fiesta con el BNG,
con la política. Algunos pensaban que de ir les darían
el mitin y no iban. Convencer a la gente de lo contrario llevó
años de esfuerzo.
Y hoy se reúnen en ese paraíso
verde alrededor de un millar de personas. Además, es
esta una fiesta que se viste por los pies. Los organizadores
de la celebración no pasan la gorra entre los vecinos,
sino que se autofinancian, pues esa era su meta en 1999, cuando
la idearon.
Sólo la pericia financiera,
de andar por casa, les hace posible contratar a tres orquestas,
un grupo de gaiteros, limpiar toda la finca y organizar los
juegos. Imagínense qué harían estos rapaces
con el Real Madrid.