Y
San Queremos habitó entre «sachalaris» y
romeros en Vilantime
Ochenta hombres y mujeres
participaron en el concurso de «arrebolamento de sacho»
La fiesta de la localidad
arzuana presentó el icono del santo en su octava edición
(Manuel Beceiro) enviado especial San Queremos
- Vilantime - (Arzúa)
Fotos - Álvaro Ballesteros.
Corría el año de gracia
de mil novecientos y noventa y ocho cuando un grupo de jóvenes
de la aldea de Vilantime, una pequeña parroquia de no
más de 70 casas del concello de Arzúa, se percató
de que el calendario festivo era muy tempranero y poco ecuánime,
puesto que celebrado San Juan y San Pedro, en junio, ya no había
más foliada en el calendario festivo.
Vecinos ellos del Camino de Santiago
y, por tanto, conocedores mejor que nadie que larga vida sin
fiestas es camino sin posadas, decidieron poner fin a esta injusticia
de las calendas, enriqueciendo el santoral con un nuevo santo
patrón. «¿Qué queremos?» se
preguntaron: «fiesta», coincidieron todos, y el
verbo se hizo santo inmediatamente. Así se enriquecía
el santoral laico de esta zona, integrado ya por una tríada
o Santísima Trinidad de divinidades paganas que conforman
San Cutinocho, San Queremos y San
Caralampio.
Ocho años después el
santo se hizo carne y habitó entre los vecinos de todas
las edades que con espíritu romero se dieron cita el
fin de semana en la carballeira da Zarra do Monte. La figura
de San Queremos, realizado en granito
por el escultor Ramón Villar,
permaneció durante toda la jornada expuesto, provocando
la curiosidad y los comentarios más diversos.
El icono, similar a las figuras precolombinas
de las religiones aztecas e incas, encarna a un hombre que se
agarra un enorme falo del que estaba previsto brotase vino,
más con afán de instigar los instintos más
báquicos que de retomar el rito de la fertilidad, al
parecer muy por los suelos en la zona. Una señora ya
entrada en años preguntaba «¿por qué
non bota o pipote?». «Señora, non ve que
non é un pipote que é un cipote», le aclaró
uno de entre el respetable.
Y como no puede haber santo, patria
o ejército a quien no se cante, la octava edición
fue la de la presentación del himno oficial del santo
patrón, Cantiga para unha antroidada
, con letra y música de Xosé
Luis Rivas, Mini, de Fuxan
Os Ventos y A Quenlla, cuyo estribillo dice que «Se
non tedes sachos traguémolos nós/arados de ferro
e carros con bois...». Acertada elección
porque el sacho es, deidad aparte, el gran protagonista de la
fiesta, pagana romería en la que las familias de Vilantime,
muchos de cuyos miembros ya no viven en la aldea, se reencuentran.
Apostasía
El San Queremos,
me susurran, cuenta con el apoyo de los vecinos, aunque a alguno
como el cura, dicen, no le gusta tal apostasía. A los
postres, uno de los romeros propuso, más lutheriano que
protestante, decirle claramente al párroco: «padre,
y si le molesta la apóstata , por qué no se opera».
Así de irreverente y carnavalesca es la fiesta de Vilantime
que comenzó con cierto retraso dada la cantidad de lluvia
caída.
El santo patrón recibía
así las primeras peticiones para que no lloviese, algunas
amenazantes imprecaciones de estos hombres que, cuentan los
cronistas, en lugar de desodorante se echan tres en uno . Con
una hora y media de retraso comenzaba en la campa la octava
edición del Campionato Mundial
de Arrebolamento de Sacho, en un ambiente evocador de
los highland games escoceses y los herri kirolak vascos, sin
tanto glamur ni politiquería, pero con faldas.
Un total de 53 sachalaris masculinos
y 25 femeninos compitieron en este rural deporte coincidiendo
todos, sabiamente, en que la técnica o secreto para un
buen lanzamiento es «tirar para diante». Allí
estaba la campeona femenina del año pasado, Dolores Río,
de 60 años, quien nos reveló el secreto de su
éxito radicaba en «meter un güisqui, darlle
ao sacho, e sorte».
Es posible que algunas de las deportistas
rurales adoptasen ya la técnica de Dolores, porque la
segunda de las sachalaris en lanzar la herramienta la dirigió
sobre una nutrida y aterrada representación masculina
para jolgorio de las aguerridas féminas que gritaban
«¡matou un home!, ¡un home menos!».
Así es el San
Queremos, romería de lo que fuimos, lo que quisimos
y lo que aún se quiere, carnaval de republicana irreverencia
y medicina para compartir y reencontrarse, santidad alternativa
al arrebolamento de la modernidad y su urbanidad.
Deja uno San
Queremos y su carballeira y parece que huye como de sí
mismo, de su historia, de su gente y su querencia, agarrándose
a la herramienta de un pasado que vuela y se resiste a morir.
Lo queremos.